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Zambia

Zambia es tan grande de extensión como Bélgica, Francia, Holanda y Suiza juntos pero tiene tan sólo 17 millones de habitantes. En el país hay 75 tribus diferentes con sus respectivos dialectos.

Durante estos seis meses he vivido en la provincia del sur, con mayoría de tongas y con el chitonga como dialecto. Mazabuka es conocida como la ciudad más dulce de Zambia por sus plantaciones de azúcar y lo que cuento a continuación son pequeñas pinceladas de una realidad de una pequeña parte del país, de mi experiencia hasta el momento, de lo que he visto y vivido en este trozo de tierra.

Aunque no tanto como hace años, los tongas siguen practicando la poligamia. Eso funciona para los hombres y a estos se les llama Tonga bulls. Tienen más de una mujer y su deber es mantenerlas a ellas y a los hijos. La primera mujer es la que da el consentimiento para que el marido pueda pasar tiempo con el resto de esposas. A veces se reúnen todas para hablar de los asuntos importantes que conciernen a sus hijos y al marido.

Hay comunidades muy pobres donde existe una escasez de servicios básicos muy importante. El 60% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y el 43% es considerado muy pobre. Nuestra zona de residencia es de las mejores aunque sólo hay agua dos horas al día, no tenemos agua caliente, nos duchamos con cubos, los cortes de electricidad son frecuentes y las condiciones no se parecen en nada a las que tenemos en Europa. En general, tener baño, agua o electricidad las 24 horas son lujos al alcance de pocos.

La agricultura está muy extendida, hay muchas granjas y poca industria. Zambia Sugar, de propiedad británica, es la principal empresa en el sur, la más grande de África y la segunda del mundo del azúcar,, pero el trabajo principal de los cortadores de caña de azúcar sigue siendo manual (es normal ver camiones cargados de trabajadores como si fuesen a un campo de concentración).

Se come con las manos y Nshima es el alimento principal. Uno de los alimentos más populares son los gusanos. Se saluda con un apretón de manos hasta que una de las dos personas decide soltarla, por eso se suele ver a hombres y mujeres agarrados un buen rato entrelazando dedos. Hay una seña en clave si un hombre quiere algo (no he oído que las mujeres lo hagan): cuando te dan la mano mueven el dedo índice. La homosexualidad está penada con cárcel porque va en contra de los valores morales de la nación y la mayoría dice que en su país «no hay homosexuales».

La religión es practicada por casi todo el mundo, que se declara mayoritariamente cristiano. Zambia es una nación cristiana desde 1996. En los autobuses, los predicadores hablan durante horas de las venturas de seguir a Dios y las desventuras de no ser creyente. Sábados y domingos son los días del señor. Se ponen sus mejores galas y acuden a las iglesias a rezar. Las misas las viven con mucha intensidad. Muchas comidas, reuniones, actos y fiestas empiezan y acaban con un rezo. En el momento en que reconoces que no eres creyente, pierdes mucha credibilidad y no te tratan de la misma forma.

Las mujeres se arreglan mucho el pelo y les encanta hacerse distintos peinados. Se ponen trenzas y me han pedido varias veces que me corte el pelo para que se lo puedan poner ellas. Ir a la peluquería es tan importante como ir al bar en España.

Dar el pecho no es motivo de vergüenza.

No son puntuales y raras veces el transporte público sale a su hora. El concepto de tiempo es distinto.

Ir descalzo es normal, sobre todo, entre los niños. No son esclavos de la moda aunque la moda impuesta es la occidental. Hay hombres que llevan manoletinas o zapatos de mujer porque, al fin y al cabo, los zapatos no tienen sexo y es lo único que tienen. El chitengue es la vestimenta por antonomasia. Lo utilizan como falda o para llevar a los niños en la espalda. En Mazabuka, la tienda más popular es de segunda mano con ropa y calzado que viene directamente de lo que nosotros no nos ponemos.

La educación no está al alcance de todos: aunque las estadísticas muestran que el acceso a la educación primaria es del 91%, la realidad es que muchos, especialmente en el sur del país, no pueden pagar las tasas de las matrículas. Es normal ver a niños trabajando o vendiendo cosas y esto me sigue sorprendiendo como el primer día. Acceder a la educación secundaria y universitaria es mucho más difícil.

El paro es del 12.8% y es difícil encontrar trabajo, sobre todo, entre los jóvenes.

La ausencia de cosas fomenta la creatividad. Los niños hacen trenes con botellas de plástico o balones de fútbol con bolsas de la compra. Las familias más vulnerables siguen teniendo hijos aunque no tengan dinero para mantenerlos. La tradición dicta que cuantos más hijos, más posibilidades de cuidar la tierra. La media de hijos en Zambia es: 5,6 (sexto en el ránking mundial). En las ciudades, el número se ha reducido. Las prioridades son la educación, los cuidados básicos o una buena alimentación.

La familia es lo más importante y todos intentan ayudarse. Hay familias de 15 miembros que dependen económicamente de una sola persona. Es común que los niños huérfanos se queden con otros familiares. No es común vivir solo. Los funerales duran tres días y la esperanza de vida de las mujeres es de 64 años mientras que la de los hombres es de 59.

Los matrimonios y los embarazos a edades tempranas siguen siendo otro gran problema. Hombres que pagan a niñas por tener sexo, padres que fuerzan a niñas a casarse para deshacerse de otro problema, niñas violadas, niñas que creen que prostituirse es la mejor salida a la pobreza.

El machismo está a la orden del día. Las mujeres se casan pronto y tienen varios hijos. Si a partir de los 25 no te has casado la presión va en aumento. En las bodas, los novios deben pagar a la familia de la novia la «dote» como precio por llevarse a su hija. Según las tribus, puede variar de 5 a 10 vacas y pueden gastarse hasta 20.000 wachas (1.500 euros). Las mujeres hacen la «kitchen party», una despedida de soltera que se llama así porque las amigas regalan a la novia los utensilios necesarios para la nueva cocina que utilizará después de casada.

El 12% de la población tiene SIDA y casi se promueve más la abstinencia que la protección. Su contagio está relacionado con la violencia de género y el escaso empoderamiento de la mujer.

La falta de ocio (en Mazabuka no hay cine, bibliotecas, centros comerciales, teatro…) fomenta el consumo de alcohol y también que la gente asista a la iglesia. Es muy común pasar el fin de semana asistiendo a misa o atendiendo las actividades que organizan las congregaciones.

Se respeta mucho la jerarquía y se educa en sumisión. En los colegios muchos profesores utilizan un palo para hacerse respetar. En Lusaka, la capital, he visto baños para tres categorías: hombres, mujeres y jefes. A los niños les da mucha vergüenza hablar o compartir sus ideas en clase pero no tienen ningún reparo en levantarse y bailar. El ritmo lo llevan en la sangre y la música forma parte del ADN de los zambianos.

El alcoholismo es uno de los mayores problemas en la sociedad (86% de los hombres y el 23% de las mujeres bebe, según datos de la OMS) y eso que Zambia no está entre los primeros consumidores de alcohol de África. Este problema genera malos tratos, abandonos, desatención familiar, problemas psicológicos…

La violencia de género es un tabú, un tema que pasa «de puertas para adentro» y las denuncias son muy pocas. Se acentúan mucho las diferencias entre hombres y mujeres. Muchos hombres, si voy acompañada de otro hombre y quieren dirigirse a mí, le preguntan a mi compañero para que éste me lo pregunte a mí, aunque yo esté delante. Ellos piensan que es una cuestión de respeto.

Las ventanillas de los buses se convierten en espacios de compra-venta con cada parada: plátanos, cacahuetes, agua, patatas, tomates, maíz… Cada vez que el autobús para en el viaje, las mujeres (suelen ser mayoría ellas) corren hacia las ventanillas llevando todo tipo de productos en sus cabezas, acostumbradas a pesos inimaginables. Son frecuentes los controles en las carreteras y bajarse de los autobuses para limpiarte las manos y evitar el contagio de enfermedades. Tienen grabado a fuego desde niños lavarse las manos antes y después de comer.

A los blancos nos llaman mzungus o mugua (en Tonga) y la gran mayoría piensa que somos ricos. Se sorprenden cuando nos ven fregar platos, limpiar o cocinar ya que piensan que tenemos a gente que lo hace por nosotros. «Mzungu, give me a coin, your shoes, buy me a drink… Mzungu take me to your place», se repite a diario. La culpa de esa imagen, además de la televisión y las telenovelas, también la tienen los blancos dueños de granjas y negocios que sólo se bajan de su 4×4 para hacer la compra en el supermercado sin relacionarse con ningún local. Se podría decir que hay dos tipos de blancos en Mazabuka: los de negocios y los voluntarios.

Vivir en una ciudad de 65.000 habitantes y ser el «blanco» de las miradas porque no hay muchos, es como ser famosa sin serlo, un sentimiento al que nunca me he llegado a acostumbrar. Pasar desapercibida es misión imposible y esto me ha dado los mejores momentos porque me ha permitido conocer a muchísima gente especial y los peores porque se despiertan sentimientos de envidia (piensan que estamos forrados), racismo (las heridas del pasado siguen abiertas para algunos) y admiración (todavía hay creencias sobre que ser blanco es mejor y que tocarnos o tener algo nuestro dará suerte).

En Zambia no utilizan la expresión «ser la oveja negra» sino «ser la oveja perdida».

Los zambianos son muy simpáticos, siempre encuentran cualquier excusa para saludar y charlar. También para pedirte el teléfono. O para pedirte matrimonio sin conocerte. A veces sólo llaman para saber cómo ha ido el día o para desearte lo mejor.

Salir a la calle es una aventura y conocer a gente especial con historias de vida inspiradoras y auténticas, un gran regalo. El contacto humano es muy real y es algo que en Europa estamos perdiendo.

El deporte nacional es el fútbol y también son muy fans del atletismo.

Están orgullosos de su bandera que está formada por un águila y cuatro colores. El verde representa la flora del país; el negro el color de su piel; el naranja el cobre porque Zambia es rico en este mineral y el rojo la sangre que los héroes del país derramaron luchando por la independencia de Inglaterra. Además, el águila representa la libertad y la capacidad de volver a levantarse.

Zambia es uno de los países más seguros en África y su gente es muy pacífica. A pesar de las heridas del pasado. A pesar del daño del colonialismo.

El choque cultural ha sido muy fuerte. En todos los sentidos. Y más, por ser mujer. Reconozco que no ha sido fácil adaptarme pero Zambia me ha dado mucho. Esa diferencia me ha dado una nueva perspectiva. Las nuevas perspectivas me han vuelto a abrir la mente y me han cambiado por dentro. Cambiar en espíritu significa crecer como persona. Zambia ha sido especial. África ha sido magia. Twalumba maningui 💙

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