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El hombre del muro

Fui una vez más cerca del muro y mientras leía una de las historias escritas allí, volví la cabeza y vi a un hombre sentado en una silla que me invitó a sentarme a su lado dentro de un pequeño taller mecánico.

Mohammed nació en Belén y su negocio iba muy bien antes de la construcción del muro. “Podía ver Jerusalén desde esta silla. Estaba a tan sólo cinco minutos de aquí”, afirmaba nostálgico.

Ahora no puede ver nada más que la pared y pasa el día sentado en su silla mirando cómo los turistas sacan fotos de esta construcción mientras espera que aparezca alguien para que pueda trabajar un poco con sus manos que descansan resignadas sobre las piernas. Su familia está dividida entre Belén y Jerusalén, pero no puede visitarlos, ya que el permiso que necesita para ir a Israel nunca llega.

Me da su mano y puedo sentir su tristeza. Le deseo toda la suerte del mundo y le prometo que le contaré a la gente cómo es la vida en el centro de refugiados Aida de Belén en Palestina, les contaré las atrocidades que comete Israel, les contaré lo injusto que es el mundo con los palestinos.

 

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