Beautiful Blog

El Camino

Carlos, el guarda de seguridad de Lanzarote. Si alguna vez voy que no se me olvide su apodo. Me vuelve a recordar cómo curarme las ampollas, me da un par de Compeed, aunque desconoce que soy ya una experta en el arte de la aguja y el hilo, me aconseja comprar Factum gel para el dolor muscular y se preocupa por mí como si fuera su hija. Le observo de lejos cómo va subiendo la montaña a las 8 de la mañana y me lo encuentro en un bar a las dos horas, antes de que nuestro camino siga dos rutas diferentes. Es en este bar donde el camarero me pone un café con leche tamaño industrial cuando le comento que me han cobrado en dos sitios 1,70 por un café. «Ni en casa Lucio que es donde trabajo en Madrid cobramos esto», me dice indignado.
Carlos continúa por Cee hasta Finisterre. Yo me desvío a Muxía para dejar Fisterra para el final. Recuerda: «Factum Gel. Tus gemelos lo agradecerán». Vuelve y me dice casi al oído: «Todos me conocen como El Ratero, pregunta por mí cuando vengas a la isla». Tiene tatuada la Compostelana y me cuenta que sigue desde hace muchos años a un tal Álvaro Lazaga, un auténtico embajador del Camino ya que lo ha hecho más de 40 veces. En una etapa hace dos años, cuando estaba descansando en la orilla de un río se dio cuenta de que su maestro Lazaga estaba tumbado a escasos metros. Ahora, Álvaro y él son muy buenos amigos. «No me lo podía creer. El camino tiene estas cosas», dice sonriendo.
A Carmelo me lo encuentro a 7 km de A Frixa, cuando mi rodilla ha petado y tengo que sentarme en una parada de bus a descansar. Allí sentados compartimos vivencias y me cuenta que su novia, que va un poco más adelantada porque van haciendo el camino por separado, no sabe aún la sorpresa que le tiene preparada cuando llegue a Finisterre. Le pedirá matrimonio. Después, volverán a Mallorca donde viven juntos en una casa a dos minutos del mar. Carmelo ha trabajado más de 10 años de camarero y, de pronto, el jefe redujo plantilla y tuvo que echarle por lo que se encontró con una indemnización caída del cielo y dos años de paro. Un año y medio viviendo, un tiempo donde ha hecho varios caminos, ha adelgazado 10 kilos y ha acumulado numerosas historias. Como la del Papa Ratzinger. Carmelo se alojó en el albergue de Alfredo en Molinaseca, un peregrino que iba a quedarse para dos semanas y ya lleva 27 años en el lugar. Alfredo custodia una curiosa postal de un peregrino del año 2000 con una firma que dice: «Louis Joseph, futuro papa Benedicto XVI». Cinco años después ocurriría la fumata blanca.
En Muxía el viento sopla con fuerza. Con tanta que tienes que andar con cuidado para no caerte por la zona rocosa del faro. Intento imaginarme a los percebeiros y pienso en uno de los murales del pueblo donde se representa a una mujer saltando de roca en roca. Ella es Claudina que “fue al percebe desde los 15 hasta los 65 años”. Se desciende a coger los percebes cuando las olas se retiran y cuando vuelven hay que salir corriendo roca arriba ya que en un golpe de mar, quien arranca la vida de los percebeiros son las olas. No se llama Costa da Morte por casualidad.
En el albergue conozco a Carlos, un venezolano que quiso volver a su tierra en abril pero el Coronavirus trastocó sus planes y sigue esperando un billete de vuelta. Se declara un enamorado del Camino y conoce Galicia mejor que cualquier gallego. Pone nombres raros (normalmente coreanos) a sus contraseñas y dice que el mío es la primera vez que lo escucha. A partir de ahora, Idoia lo utilizará también como contraseña, además del de Nekane. No quiere oír hablar de Maduro. Es una herida que duele, como la que dejó el Prestige hace años en Muxía.
Me ha tocado la habitación de Rosalía de Castro y aquí coincido con Dani, un buscador en potencia. De los que necesitan probar y experimentar por él mismo porque no le vale con lo que le digan otros. Un café de tres horas, de los que cunden porque hacen de espejo. En la pared está escrita la cita: «Es feliz el que soñando, muere. Desgraciado el que muera sin soñar».
Pienso en estos días y en la paradoja de sentirme tan viva en la Costa de la Muerte.

Post a Comment